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Cunarda

14 de octubre
Al portal de la Cunarda. Es un recorrido de buscadores de setas, aunque no sea ese nuestro fin (todavía no hemos hecho nuestro cursito, ni tenemos licencia de cazadores de setas en la comarca, que hay que sacársela)

Según nuestras informaciones, el recorrido clásico para llegar al portal sale de Colungo, sube por una pista y baa por una senda, pero una de las guías propone empezar unas curvas más adelante y evitar la pista, muy transitada y un poco aburrida., pero voy a desvelar el final: nos despistamos a la ida y paradójicamente seguimos el recorrido "clásico" por la pista

Dejamos el coche donde el banderín de enmedio


El caso es que chino chano, llegamos a las inmediaciones del portal, sin complicaciones. En el último tramo hay algún paso un poco arriesgado, pero bien marcado, que nos lleva ya al inmenso agujero en la caliza, con vistas al barranco del Fornocal. Allí al fondo estará la cueva de Muriecho, pero la verdad es que no la veo.







Como no cabe duda de que es un marco incomparable lo aprovechamos para piqueniquear.

Volvemos por otro trozo de camino, con el barranco a nuestra derecha. Cruzamos el barranco de Arruellos. De aquí extraían piedras (ruellos) para hacer las muelas de los molinos. No nos explicamos cómo las transportarían. Un tramo de la vuelta es penoso por esas minimoscas que nos rodean y se intentan meter en ojos nariz y boca. Pero llegamos al coche sin complicaciones.


A Alquézar a tomar una cervecita. De paso entramos en la ermita de San Hipólito, junto a las terrazas de los bares. Está abierta, y podemos visitarla. En Alquézar le tienen gran devoción a este santo, al que dedican sus fiestas mayores. Este Hipólito fué un soldado romano encargado de vigilar el asado de San Lorenzo, pero en éstas que se convirtió, por lo que también fué martirizado. A él le tocó ser descuartizado por caballos, como queda plasmado en las didácticas pinturas de la ermita. No soy especialista en santos, pero creo que hay un poco de lío entre este Hipólito y otro famoso, que fué el primer antipapa y también acabó mal con caballos. Investigaré.




Y a casa.

















Isuala- Ajuntadero

22 de septiembre de 2013

Ya  es oficial: es otoño
Pero siguen apareciendo días soleados, yo tengo una cámara a prueba de agua por estrenar, y el último tramo del Isuala prometía ser facilito.

Sin madrugar, tranquilamente, nos acercamos al puente que hay entre Abiego y Bierge, donde dejamos el coche. Con los escarpines a modo de calcetines, por ahorrar equipaje (qué pintas), buscamos por dónde bajar al río. Hay una vía fácil, por un caminito un poco agua arriba.


Y ya en la orilla nos ponemos el pantalón de neopreno, el río no cubre y hace calorcillo, ponernos todo el equipo sería demasiado.


El río baja tranquilo y claro


Y comenzamos un agradable paseo chapoteando, a ratos con el agua hasta la cintura, sin dificultades






Esto es lo que queda de un viejo puente que unía Abiego y Bierge. El tablero era de madera.


Llegamos al "desfiladero" de Peñas Juntas. Aquí el agua ya nos va a cubrir. Hago un valiente intento de meterme sin la chaqueta del neopreno, pero me rajo enseguida.


En la parte de arriba de la foto se intuye el puente tibetano que cruza el río, parte de una vía ferrata apetecible




Las Peñas Juntas. Hay una familia con niños haciendo la ferrata (arriba a la izquierda)


Y seguimos bajando. Y seguimos. Y seguimos. La verdad es que se nos hace un poco largo el llegar al Alcanadre. Y más al pobre Ant que carga con el mochilón con todo, neoprenos mojados incluídos


El Alcancdre, el puente de las Aguas y la pasadera


Seguimos como la otra vez, pero esta vez sin miedo a mojar el equipaje y sin encontrarnos a nadie. Nos acercamos hasta una badina donde comemos.


La vuelta es por un seco camino entre almendros y olivos, al sol.


Al fondo se ve el puente donde tenemos el coche


Y a tomarnos una cervecita tranquilamente en Rodellar. El "Yayo" fuma su pipa al sol más tranquilamente todavía.


Cuevas de Muriecho

20 de septiembre de 2013


El día que acabamos visitando Arpán y el Trucho, en realidad habíamos salido de casa con intención de ir a Muriecho. Ya toca.


Siguiendo nuevo ritual, cafelito en Colungo y de nuevo a la sinuosa carretera que va hacia Aínsa, para, según las indicaciones, desviarnos en el acceso al barranco de Fornocal, donde dejamos cómodamente el coche, a la sombra.. Cruzamos una barrera y comenzamos el paseo en una pista forestal entre pinares.


Y con recolectores de setas


Es una pista cómoda, sin casi pendiente, que sale del bosque para asomarse al barranco de Argantín y disfrutar de un claro panorama de los Pirineos.



El Vero.


Dejamos la pista, que llevará a los barranquistas hasta Fornocal, y tomamos un camino a mano derecha. Se va estrechando, cruza un barranquete, se convierte en senda, y, tras una corta bajada empinada aparece la cueva por sorpresa.



Las pinturas no se ven muy bien, pero representan una levantina escena de la caza de un ciervo por un montón de personajes y caballos. Nos lo creemos.


Desde la cueva hay una gran vista del Fornocal, y del Portal de la Cunarda, una de esas ventanas en roca que hay en estos barrancos. La más grande, aunque en la foto se vea pequeña por estar lejos.


En nuestra guía recomienda seguir un poco más al sur para llegar a un mirador enfrente de la Cunarda. Pero o no encontramos el camino o ha desaparecido entre toda clase de matas pinchosas. Lo intentamos durante un rato, salimos arañados, y nos volvemos a la cueva, a comer.

Y volvemos por el mismo camino, parándonos a fotografiar algunos árboles curiosos que hay.



También recolectamos moras, que harán una rica mermelada.

Paseo fácil y corto: queda tiempo para hacer turismo. Nos acercamos a Lecina, cuyo nombre proviene de "encina", probablemente por las que rodeaban el pueblo.  Hay una gran carrasca, a la que llaman "la castañera de carruesco", enorme y dicen que milenaria, bajo cuya copa se celebraron bodas, testamentos, y toda clase de pactos y tratos. Y con leyenda: En las afueras del pueblo había un carrascal donde vivían malvadas brujas, y donde había una carrasca joven, A ésta no le gustaba la compañía de las brujas, y estaba todo el día protestando, hasta que las brujas se hartaron y se largaron, pero antes concediendo deseos a las otras encinas, que pidieron hojas de oro unas y perfumadas otras. Al poco tiempo fueron saqueadas por los ladrones unas y zampadas por los rebaños otras, y sólo quedó la joven carrasca, y hasta hoy.


No se si llegarán a milenarios, pero no viven mal...


Hay casas bonitas, bien restauradas, de piedra. Y con arcos, puertas y ventanas bien conservados, como ésta.


De Lecina nos acercamos a Bárcabo, donde damos una vuelta junto a sus huertos, hasta su iglesia, con sus nichos adosados.



Y media vuelta, que estamos a mil curvas de distancia.

Oscuros de Balcés

14 de septiembre de 2013


Aprovechando que todavía hace calorcito, nos aniamos a apuntarnos a un barranco con nuestro guía Javi. Nos propone los Oscuros de Balcés, "acuático y lúdico". Nos animamos. Balcés es el nombre que tiene por aquí a rriba el Isuala. También aparece escrito según donde como Balced, incluso Balcez

Quedada habitual en el bar de la hostería de Bierge, donde está tomandose cafelitos más gente con pinta de barranquistas y escaladores. Conocemos a nuestros compañeros de descenso, Fabian y Julie.

Carretera de Rodellar, y antes de llegar a Las Almunias, desvío a la derecha, pasando junto al mirador del Balcés, y dejamos los coches en el aparcamiento preparado. Esta pista, y la que seguiremos a pie, fué hecha por los petroleros, nos informa nuestro guía.

Después de dejar el coche vamos por un camino que usaban los carboneros, y hay que reconocerles el mérito (foto tomada unos días después, desde enfrente)


Ya en el río Balcés, almorzamos, otra tradición a seguir. Mientras comemos nos adelanta un grupo de barranquistas, que llevan descolgado a uno más patoso que yo. Aunque sea una tontada enorme, me reconforta no se la peor del mundo


Y al agua, a rapelar, bajar toboganes, bucear bajo rocas....el surtido habitual.




Despué de un gran caos de rocas, el último raple para meternos en los oscuros, donde el río se encajona en el fondo de paredes verticales. Nos dejamos llevar por la corriente, bocarriba, empujando a veces con los pies en las paredes que se pueden todar con las dos manos.


Y llegamos al final de nuestro recorrido, en el Tranco de las Olas. Buen sitio para hacer el indio tirándonos al agua.


Comeos. Hay más grupos de barranquistas. cruzamos un curioso puente metálico de chapa (por aquí pasa el camino natural del Somontano, el tramo de Radiquero a Las Almunias) y tras nuestro recorrido entre calizas, subimos por el límite de los conglomerados, como nos hace ver Javi.
Esta vez no hay cafelito porstbarranco, los franceses tienen un poco de prisa. Para otra vez.